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miércoles, 5 de agosto de 2015

EL CAMBIO SE PUEDE PRODUCIR

El budismo es una de las religiones más antiguas que aún se practica y una de las que más seguidores tiene, aproximadamente unos 200 millones de personas. Aunque algunos prefieren referirse al budismo más como una filosofía de vida que como una religión.
De una forma u otra, lo que ha permitido que esta filosofía/religión sobreviva a lo largo del tiempo y siga ganando adeptos son sus mensajes sencillos y llenos de sabiduría que pueden mejorar realmente nuestra vida cotidiana. De hecho, no es necesario abrazar el budismo para aprovechar los beneficios que nos puede brindar. Basta tener la mente abierta y el corazón bien dispuesto.
1. EL DOLOR ES INEVITABLE, EL SUFRIMIENTO ES OPCIONAL. 
Solemos pensar que reaccionamos ante los sucesos, que estos traen en sí la semilla de la tristeza o la alegría, pero en realidad reaccionamos ante lo que los hechos significan para nosotros. Solo nos puede dañar aquello a lo que le conferimos importancia. por eso, para evitar el sufrimiento inútil, a veces basta dar un paso atrás, desligarse emocionalmente y ver las cosas desde otra perspectiva. Es difícil pero con la práctica se aprende. De hecho, otra frase budista nos indica el camino: “todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”.
2. ALÉGRATE PORQUE TODO LUGAR ES AQUÍ Y TODO MOMENTO ES AHORA. 
A menudo se nos escapa la vida mientras estamos atados al pasado o preocupados por el futuro. Sin embargo, el budismo nos enseña que no tenemos más que el aquí y ahora. Por tanto, debemos aprender a estar plenamente presentes, a disfrutar de cada momento como si fuera el primero y el último. No bucees en el pasado ni sueñes demasiado con el futuro, concéntrate en el momento presente porque es ahí donde encontrarás las claves de la felicidad.
3. CUIDA EL EXTERIOR TANTO COMO EL INTERIOR, PORQUE TODO ES UNO. 
Somos una unidad física y espiritual, aunque a menudo lo olvidamos. a veces nos preocupamos demasiado por cuidar el cuerpo y olvidamos el alma, mientras que en otras ocasiones nos preocupamos mucho por nuestro equilibrio psicológico dejando de lado aspectos tan importantes como la dieta y el ejercicio físico. Sin embargo, para encontrar un verdadero estado de bienestar es imprescindible que mente y cuerpo estén equilibrados.
4. MÁS VALE USAR PANTUFLAS QUE ALFOMBRAR EL MUNDO.
Es importante saber qué guerras combatir y cuáles dar por perdidas porque luchar contra molinos de viento puede ser muy romántico pero no es eficaz. a veces, ya sea porque sobrestimamos nuestras fuerzas o porque no somos conscientes de la envergadura de la situación, nos planteamos objetivos que sobrepasan nuestras capacidades. Entonces nos generamos un estrés innecesario. Sin embargo, para encontrar la paz interior, es importante ser conscientes de nuestras potencialidades y dosificar nuestros recursos, solo así podremos llegar más lejos.
5. NO LASTIMES A LOS DEMÁS CON LO QUE TE CAUSA DOLOR A TI MISMO.  
Se trata de una de las máximas del budismo que, si la aplicáramos al pie de la letra, nos permitiría eliminar prácticamente todas las leyes y los mandamientos morales. Sin embargo, esta frase budista va más allá del clásico “no le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti” porque implica, ante todo, un profundo conocimiento de nosotros mismos y, en segundo lugar, una gran empatía para con los demás. 
6. NO ES MÁS RICO QUIEN MÁS TIENE, SINO QUIEN MENOS NECESITA.  
Aunque no somos conscientes de ello, nuestro deseo de tener más, ya sea en el plano material o emocional, es la principal fuente de nuestras preocupaciones y desencantos. Cuando aprendemos a vivir con poco y aceptamos todo aquello que nos brinda la vida y en el momento en el que nos lo brinda, logramos una vida más equilibrada y reducimos la tensión y el estrés. Desear más cosas a menudo solo indica que necesitamos más seguridad o que nos sentimos solos y necesitamos suplir esos vacíos. Cuando te sientes a gusto contigo mismo, no necesitas demostrar nada.
7. PARA ENTENDER TODO, ES NECESARIO OLVIDARLO TODO.  
Cuando somos pequeños estamos abiertos al aprendizaje, no tenemos ideas preconcebidas. Sin embargo, a medida que crecemos nuestra mente se llena de condicionamientos sociales que nos indican cómo deben ser las cosas, cómo debemos comportarnos e incluso qué debemos pensar. Estamos tan imbuidos en este contexto que no nos percatamos de que nuestra mente se ha convertido en una caja muy estrecha que nos aprisiona. Por eso, si quieres cambiar y ver las cosas desde otra perspectiva, el primer paso es desligarse de las creencias y los estereotipos que te mantienen atado. En este sentido, otra frase budista nos ilumina: “en el cielo no hay distinciones entre este y oeste, son las personas quienes crean esas distinciones en su mente y luego piensan que son verdad”.
8. EL ODIO NO DISMINUYE CON EL ODIO. EL ODIO DISMINUYE CON EL AMOR. 
La violencia genera violencia, la ira produce resentimiento. Es algo que sabemos pero casi nunca aplicamos por lo que a menudo nos involucramos en discusiones en las que nos dejamos llevar por nuestras emociones más negativas, respondemos a la crítica con otra crítica y a un ataque con otro aún más fuerte. Sin embargo, el odio solo genera odio, la única forma de contrarrestar su efecto es brindando amor, respondiendo con emociones positivas.
9. DA, AUNQUE NO TENGAS MÁS QUE MUY POCO QUE DAR.  
Se trata de una de las frases budistas más antiguas pero hace poco algunas investigaciones realizadas en el área de la psicología positiva han demostrado que la gratitud y la entrega son uno de los caminos que nos conducen a la felicidad. No se trata de dar esperando recibir algo a cambio sino de dar motivados por el placer que se siente al ayudar a alguien. Recuerda que no es mejor persona aquella que da graciosamente lo que le sobra sino la que comparte lo que apenas le alcanza.


10. SI PUEDES APRECIAR EL MILAGRO QUE ENCIERRA UNA SOLA FLOR, TU VIDA ENTERA CAMBIARÁ. 
En esta frase budista se encierra el secreto del cambio: aprender a valorar cada cosa y cada persona por lo que es: un milagro único e irrepetible. Cuando aprendamos a no criticar sino a aceptar y a maravillarnos ante las cosas más pequeñas que nos rodean, nuestra vida cambiará porque le estamos dejando una puerta abierta a la gratitud, la curiosidad y la alegría. Al contrario, si pensamos que no hay nada especial en las pequeñas cosas y que estamos en la cima del mundo, no solo nos estamos cerrando a la belleza sino también al aprendizaje y el crecimiento. Si no puedes apreciar el milagro que encierra una flor, es que ya estás muriendo por dentro.  

jueves, 9 de julio de 2015

RENDIRSE O REÍRSE.




Los desafíos. No hay manera de vivir sin tener que confrontarse con ellos. Es como si la vida fuera un juego de consola en el que para poder continuar tuviéramos que ir pasándonos pantallas. Si evitamos o huimos alguna de ellas porque no nos sentimos preparados para superarla, el desafío se sumerge un tiempo y con el tiempo vuelve a surgir dada la vuelta para ver si así aprobamos ese examen planteado de nuevo.

Existen los desafíos que nos unen a todos, son los desafíos de estar vivo, de residir en un cuerpo vivo. Hemos de confrontarnos con el dolor, con el envejecimiento, con la enfermedad y, por último, con la muerte. Estos desafíos son los más grandes, y no hay nadie que no vaya a tener que pasar por esa pantalla del juego.

Existen los desafíos de nuestra especie, de ser humano y vivir en una aldea global. Viendo la situación del mundo y su historia, parece que a la especie humana le falte un hervor, por decirlo suavemente. Pueblos contra pueblos, desigualdades, guerras, destrucción planetaria, globalización injusta, resistencias al cambio, egoísmos nacionales, ceguera, falta de compasión, competencia. Al final resulta que la famosa globalización también ha globalizado los problemas. Ahora todos estamos interconectados, los problemas de unos golpean a otros como una suerte de juego de dominó.

Existen los desafíos de nuestra pequeña tribu, nuestras familias, nuestras parejas, nuestros hijos y nuestros padres. Los desafíos centrales ahí son las pérdidas, el sufrimiento por la falta de afectos o por los sufrimientos de los nuestros, el no poder establecer las relaciones de manera tan sana como nos gustaría, el no poder recibir y ofrecer a los demás lo que necesitamos, la falta de comunicación, las decepciones, las preocupaciones, las responsabilidades.

Y por último están nuestros desafíos personales e individuales: nuestros conflictos interiores, las culpas, las ansiedades, las frustraciones, los deseos no cumplidos, las obligaciones no deseadas, los arrepentimientos, la incapacidad de sentir lo que quisiéramos sentir y la imposición de tener que sentir, o pensar, o desear aquello que no consideramos oportuno. La carga de nuestro pasado, los miedos a nuestros futuros.

Esos cuatro niveles de confrontación, de desafío con la realidad son para todo el mundo. Por mucho que uno se trabaje, la vida siempre nos ofrece un desafío a la altura de nuestras capacidades: cuanto mayor es nuestro poder, mayor es nuestro desafío.

Frente a esto siempre hay dos tendencias: una de ellas nos dice que tenemos que luchar, resistir, aguantar, forzar, apretar, trabajar, intentar sin descanso hasta que el mundo se adecúe a nuestros deseos. La otra nos dice que tenemos que ceder, dejar pasar, esquivar, huir, evitar, conformarse. En definitiva: rendirse. Es el dilema de Hamlet:

Ser o no ser, he aquí la cuestión.
¿Qué es más digno para el espíritu?,
Sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna
o tomar armas contra océanos de calamidades y,
haciéndoles frente ¿quizás acabar con ellas?

En esa dicotomía nos encontramos todos. Si luchamos o no. Si nos rendimos o no.

Escuchando a los maestros más sabios, la respuesta es dual. Quizá tenemos que saber cuándo remar y cuándo dejarnos llevar por la corriente. Quizá la vida es como un descenso de rápidos en un río a veces calmado, a veces revuelto. Si está revuelto, a veces hay que remar con fuerza. Si está tranquilo, a veces simplemente nos dejamos llevar. Pero si está demasiado tranquilo, a lo mejor hay que remar un poco para no acabar estancados y si está demasiado en torbellinos, a lo mejor hay que surfear en el torbellino confiando en que nos lleve la corriente aunque de miedo. No hay un indicio claro.
Aunque sí tenemos una pista que la experiencia nos lleva a proponer: la aceptación. De entrada, aceptar lo que pasa no es rendirse. Es darse cuenta de algo que está YA sucediendo. Negar la obviedad de algo que existe, es añadir otro problema al que ya existe: tenemos el problema que acontece y la resistencia al problema que acontece. Lo más recomendable es aceptar. Total, no tenemos más remedio. Podemos buscar un enfoque positivo, darse cuenta de que las cosas son relativamente buenas o malas dependiendo del momento y el contexto, que lo que parecía una crisis acaba siendo una bendición y viceversa…

La vida es un misterio inexplicable. No hay recetas fijadas de antemano. Si intentamos analizar la realidad para atraparla y saber cómo funciona, no es posible hacerlo del todo. Entenderla es como capturar una mariposa y clavarla en el corcho: podemos ver la forma de las alas, pero perdemos la comprensión del vuelo.

Como si de un sueño se tratase, nosotros soñamos nuestras vidas siendo a la vez una creación propia y simultáneamente una creación inconsciente. Somos creadores y, a la vez, no. Somos sujetos de la vida y objetos de esa vida. Somos esa vida que se mueve, se retuerce, se paraliza, nos desespera, nos regala, nos aturulla y siempre nos sorprende. Pero tenemos un arma frente a todo ello: el humor. El humor es cogerle el chiste a la vida. Para eso hay que escucharla, abrirnos a la sorpresa, poder aprender. Al final la gran lección del aprendizaje vital es si estamos dispuestos a tener a razón o preferimos ser felices; aunque tengamos que ceder lo que creíamos tan seguro. El humor es el único que puede con el ego: lo desarma. Ser capaces de reírse de todo, de ti mismo, de la vida, es un indicio de salud, de inteligencia. Casi todos los maestros de vida tienen un humor espléndido. La importancia personal, el creernos lo más importante, el defender nuestra idea de nosotros mismos e intentar que no cambie frente al mundo cambiante es lo que nos hace morirnos un poco cada día.

A lo mejor es que la vida es un chiste, a veces de humor negro, a veces tontorrón, a veces de una sabiduría inconcebible, a veces incomprensible o aparentemente sin gracia. Pareciera ser que la vida funciona como si fuera un niño omnipotente, capaz de todo, niño, pero sabio al fin y al cabo.

En el fondo, siempre se mantendrá el misterio de no saber qué éramos antes de existir y qué seremos después de este periplo. Pero, al menos, podríamos ponernos de acuerdo en que mientras que estemos aquí, vamos a pasárnoslo bien, ayudándonos unos a otros y a nosotros mismos. Porque solo el amor y el afecto –y el humor- nos puede ayudar a salir de los rápidos del río.

No nos tomemos tan en serio a nosotros mismos. Ni siquiera sabemos lo que somos y al final todos nos vamos para el otro barrio, el desconocido barrio del más allá. Mientras nademos en estos ríos, amemos y riamos. Al final, en el trabajo terapéutico, uno entiende que todos los dolores del mundo están causados por los dos mismos males: la falta de amor en la infancia y la falta de humor en la madurez. Amor y humor lo curan casi todo.

Cuando uno hace del mundo su propio templo y coloca en el altar al Misterio, al Amor y al Humor, todo se parece más a una fiesta prodigiosa y sorprendente.

Me gusta imaginar en ese altar de la vida una frase:

Todo acabará bien,
Todo acabará bien
Todas las cosas acabarán siempre bien.

Por Mariano Alameda.

miércoles, 1 de julio de 2015

LOS CUATRO DONES

Los 4 dones de las personas altamente sensibles (PAS)

Cuando uno se ve en minoría frente a la gran mayoría, la primera sensación es sentir desventaja y miedo. ¿Por qué percibo las cosas de un modo diferente? ¿Por qué sufro más que el resto? ¿Por qué encuentro alivio en mi propia soledad? ¿Por qué observo y siento cosas que los demás suelen pasar por alto?

Ser parte de eso 20% de la población que se reconoce a sí misma como una persona altamente sensible (PAS) no es una desventaja, ni te etiqueta como “diferente”. Es muy posible que a lo largo de tu vida, y en especial durante tu infancia, fueras muy consciente de esa distancia emocional, y de como en ocasiones, tenías la sensación de vivir en una especie de burbuja de extrañeza y soledad.

La alta sensibilidad es un don, una herramienta que te permite poder profundizar y empatizar más con las cosas. Pocas personas tienen la capacidad de llegar a este punto de aprendizaje vital.

Fue Elaine N. Aron quien a principios de los 90, ahondando en la personalidad introvertida, detalló con minuciosidad los rasgos de una nueva dimensión no descrita hasta entonces, y que reflejaba una realidad social: la de las personas altamente sensibles, reflexivas, empáticas y a la vez, reactivas emocionalmente.

Si es tu caso, si te sientes identificado/a con esos rasgos que la doctora Aron nos dejó en su libro “The Highly Sensitive Person”, es importante que te convenzas también de que la alta sensibilidad no es un motivo para sentirte extraño o diferente. Al contrario, debes sentirte afortunado por contar con estos 4 dones.

1. El don del conocimiento emocional

Ya desde la infancia, el niño con alta sensibilidad va a percibir aspectos en su día a día que le van a ofrecer una mezcla deangustia, contradicción y fascinante curiosidad.Sus ojos captaran aspectos que ni los adultos tienen en cuenta.

Esa mueca de frustración en sus maestros, la expresión de preocupación en su madre… Serán capaces de percibir cosas que otros niños no ven, y ello, les enseñará desde muy pequeños que la vida es a veces difícil y contradictoria. Verán el mundo con la mirada de niño que se abre tempranamente al mundo de las emociones sin saber aún que las guía, que las hace vibrar o qué afila el sufrimiento adulto.

El conocimiento de las emocioneses una arma de callado poder. Nos acerca más a las personas para entenderlas, pero a su vez, también nos hace más vulnerables al dolor.

La sensibilidad es como una luz que resplandece, pero a su vez, nos hace más vulnerables al comportamiento de los demás, a las mentiras piadosas, a los desengaños, a las ironías… ¡Es que todo te lo coges a la tremenda! te dirán a menudo, ¡Es que eres muy sensible! te comentarán otros.

Y así es, pero eres lo que eres. Un don exige una alta responsabilidad, tu conocimiento sobre las emociones te exige también saber protegerte. Saber cuidarte.

2. El don de disfrutar de la soledad

Las personas altamente sensible encuentran cierto placer en sus instantes de soledad. Son rincones que buscan con anhelo para llevar a cabo sus tareas, sus aficiones. Son personas creativas que disfrutan de la música, de la lectura… Y aunque ello no quita de que disfruten también de la compañía de otros, esen soledad cuando más satisfacción encuentran.

Las personas altamente sensibles no temen a la soledad. Son esos instantes en que pueden conectar más íntimamente con ellos mismos, con sus pensamientos, libres de apegos, lazos y miradas ajenas.

3. El don de una existencia desde el corazón

La alta sensibilidad es vivir desde el corazón. Nadie vive más intensamente el amor, nadie se deleita más con los pequeños gestos cotidianos, con la amistad, con el cariño…

A la hora de hablar de las personas altamente sensibles, se les asocia a menudo al sufrimiento. A su tendencia a las depresiones, a la tristeza, a sentirse vulnerables frente a los estímulos externos, frente al comportamiento de la gente. No obstante, hay algo que el resto no sabe: pocas emociones se viven con tanta intensidad como el amar y ser amado…

Y no hablamos solo de relaciones afectivas, la amistad, el cariño cotidiano, o el sencillo acto de experimentar la belleza de un cuadro, de un paisaje o de una melodía, es para la persona altamente sensible una vivencia intensa. Enraizada en el propio corazón.

4. El don del crecimiento interior

La alta sensibilidad no se cura. Uno viene al mundo con ello, con esa particularidad, con ese don que ya se puede ver claramente desde que un niño es bien pequeño. Sus preguntas, su intuición, su tendencia al perfeccionista, su umbral al dolor físico, sus molestias ante luces o olores fuertes, su vulnerabilidad emocional…

No es fácil vivir con este don. No obstante, una vez uno reconoce lo que es y lo que nos puede aportar, llega el momento en que debemos aprender a gestionar muchos de esos detalles. No debes dejar que las emociones negativas te desborden en ciertos momentos.

Debes aprender también que los demás, van a otro ritmo, que no tienen tu umbral emocional. Que no vivirán ciertas cosas con tu misma intensidad, no obstante, ello no significa, por ejemplo, te quieran menos. Respétalos, entiéndelos. Entiéndete a ti.

Una vez hayas descubierto tu propio ser y tus facultades, encuentra tu equilibrio y fomenta tu crecimiento personal. Eres único y vives desde el corazón. 


jueves, 25 de junio de 2015

HORARIO DE ACTIVIDADES MES DE JULIO/2015

 
SE MANTIENE EL HORARIO DE ACTIVIDADES HABITUAL, SALVO LAS CLASES DE YOGA DE LOS MARTES, JUEVES Y VIERNES DE 16.00/17.00 QUE SE HA SUPRIMIDO Y LA DE MEDITACIÓN DE LOS VIERNES DE 20.15/21.00 HORAS.