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martes, 26 de mayo de 2015

QUÉ HACER ANTE LA DESESPERANZA?


QUÉ VES EN ESTA IMAGEN?




¿Qué ves en la imagen de arriba? ¿Un punto negro en la parte superior derecha? Es lo que la mayoría de las personas ven, no solo en esta imagen sino también en sus vidas. 


Nos solemos enfocar en los puntos negros, sin darnos cuenta del gran espacio en blanco que rodea la imagen, que rodea nuestra vida.


(Naylin)

domingo, 24 de mayo de 2015

Resiliencia:




Resiliencia: definición y significado

La resiliencia, según la definición de la Real Academia Española de la Lengua es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, pero en psicología añadimos algo más al concepto de resiliencia: no sólo gracias a ella somos capaces de afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas , sino que también podemos salir fortalecidos de ellas.

La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades. De esta manera, las personas resilientes no solo son capaces de sobreponerse a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.

Para las personas resilientes no existe una vida dura, sino momentos difíciles. Y no se trata de una simple disquisición terminológica, sino de una manera diferente y más optimista de ver el mundo ya que son conscientes de que después de la tormenta llega la calma. De hecho, estas personas a menudo sorprenden por su buen humor y nos hacen preguntarnos cómo es posible que, después de todo lo que han pasado, puedan afrontar la vida con una sonrisa en los labios.

La práctica de la resiliencia: ¿Cómo podemos ser más resilientes?

La resiliencia no es una cualidad innata, no está impresa en nuestros genes, aunque sí puede haber una tendencia genética que puede predisponer a tener un “buen carácter”. La resiliencia es algo que todos  podemos desarrollar a lo largo de la vida. Hay personas que son resilientes porque han tenido en sus padres o en alguien cercano un modelo de resiliencia a seguir, mientras que otras han encontrado el camino por sí solas. Esto nos indica que todos podemos ser resilientes, siempre y cuando cambiemos algunos de nuestros hábitos y creencias.

De hecho, las personas resilientes no nacen, se hacen, lo cual significa que han tenido que luchar contra situaciones adversas o que han probado varias veces el sabor del fracaso y no se han dado por vencidas. Al encontrarse al borde del abismo, han dado lo mejor de sí y han desarrollado las habilidades necesarias para enfrentar los diferentes retos de la vida.

¿Qué caracteriza a una persona resiliente?

Las personas que practican la resiliencia:

Son conscientes de sus potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben usarla a su favor. Estas personas saben cuáles son sus principales fortalezas y habilidades, así como sus limitaciones y defectos. De esta manera pueden trazarse metas más objetivas que no solo tienen en cuenta sus necesidades y sueños, sino también los recursos de los que disponen para conseguirlas.Son creativas. La persona con una alta capacidad de resiliencia no se limita a intentar pegar el jarrón roto, es consciente de que ya nunca a volverá a ser el mismo. El resiliente hará un mosaico con los trozos rotos, y transformará su experiencia dolorosa en algo bello o útil. De lo vil, saca lo precioso.Confían en sus capacidades. Al ser conscientes de sus potencialidades y limitaciones, las personas resilientes confían en lo que son capaces de hacer. Si algo les caracteriza es que no pierden de vista sus objetivos y se sienten seguras de lo que pueden lograr. No obstante, también reconocen la importancia del trabajo en equipo y no se encierran en sí mismas, sino que saben cuándo es necesario pedir ayuda.Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida enfrentamos muchas situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas resilientes son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Estas personas asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer. Saben que esos momentos no serán eternos y que su futuro dependerá de la manera en que reaccionen. Cuando se enfrentan a una adversidad se preguntan: ¿qué puedo aprender yo de esto?Practican el mindfulness o conciencia plena. Aún sin ser conscientes de esta práctica milenaria, las personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora y de tienen una gran capacidad de aceptación. Para estas personas el pasado forma parte del ayer y no es una fuente de culpabilidad y zozobra mientras que el futuro no les aturde con su cuota de incertidumbre y preocupaciones. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no han perdido su capacidad para asombrarse ante la vida.Ven la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes son muy objetivas, saben cuáles son sus potencialidades, los recursos que tienen a su alcance y sus metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Estas personas desarrollan un optimismo realista, también llamado optimalismo, y están convencidas de que por muy oscura que se presente su jornada, el día siguiente puede ser mejor.Se rodean de personas que tienen una actitud positiva. Las personas que practican la resiliencia saben cultivar sus amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellos que se comportan como vampiros emocionales. De esta forma, logran crear una sólida red de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles.No intentan controlar las situaciones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se nos escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo, las personas resilientes saben que es imposible controlar todas las situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control.Son flexibles ante los cambios. A pesar de que las personas resilientes tienen una autoimagen muy clara y saben perfectamente qué quieren lograr, también tienen la suficiente flexibilidad como para adaptar sus planes y cambiar sus metas cuando es necesario. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes iniciales o a una única solución.Son tenaces en sus propósitos. El hecho de que las personas resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.Afrontan la adversidad con humor. Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor, son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Cuando las personas resilientes pasan por un suceso potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo, para ello, son conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda profesional cuando lo necesitan.La resiliencia en los niños

Si queremos que nuestros hijos afronten las dificultades de la vida con fortaleza es importante educarles en la capacidad de ser resilientes, para ello es fundamental nuestro ejemplo, no sobreprotegerles y sobre todo creer en ellos. No se trata de evitar que se caigan, sino de enseñarles a levantarse, y para ello tenemos que confiar en que ellos pueden. Por supuesto, tampoco se trata de exponerles a peligros o ambientes agresivos “para que se hagan más fuertes”, afortunadamente no estamos en Esparta. Aportar seguridad y protección es necesario. Algo importante que podemos preguntarles a los niños cuando tienen un contratiempo si queremos que aprendan a desarrollar la resiliencia es ¿qué puedes aprender de esto? o ¿qué puedes sacar bueno de esto que ha ocurrido?

Por Rosario Linares

 

lunes, 18 de mayo de 2015

No a los pseudoyogas.




Mediante las técnicas del hatha-yoga y de la meditación, el yogui aprende a armonizar sus principios vitales. Este trabajo no es solo para lograr salud, sino en especial para acceder a dimensiones de la mente que permitan captar la real naturaleza interior o el ser. De esto nada saben ni quieren saber los pseudoyogas. Escribe Ramiro Calle.


Prana es energía, aliento, ánimo, respiración, fuerza vital o vitalidad. Todas las funciones psicosomáticas operan gracias al poder de prana, que corre por las venas y se estabiliza en el pericardio durante el sueño profundo.



Prana hace posible el pensamiento, la percepción, la acción. Prana configura el cuerpo sutil, que es una contraparte del cuerpo físico. Es el vínculo entre la mente y el cuerpo. Mediante el control de prana se estabiliza manas (la mente). Prana y manas estás estrechamente interrelacionados, como un jinete y el caballo. Mediante el dominio de la mente, se regula prana; mediante el control sobre la respiración, se estabiliza manas.


Las fuentes principales de prana son: la respiración, el alimento, el sueño profundo, el descanso y las impresiones mentales positivas. Somos un universo en miniatura o una réplica del universo, y tambien un gran acumulador de prana. El yogui aprende a conservar y enriquecer la energía, evitando dispersarla inutilmente.  De la energía depende el poder interior que tanto valora el yogui. Mi buen amigo Babaji Sibananda de Benarés (autor del libro El Misterio del Planeta, editado por ELA) insistía en lo importante que es el poder interior para el yogui y que tiene que cultivarlo y entrenarlo. Prana tambien es consciencia y en la medida en que uno está más consciente y autoconsciente, prana se intensifica. Prana es asimismo la fuerza sexual. El yogui aprende a equilibrar mente (manas), prana o energía vital y la libido o función sexual.



El verdadero hatha-yoga es un manantial de prana. Los asanas o “siluetas” mantenidas estimulan la energía vital y ayudan en la interiorizacion, equilibrando el sistema nervioso. Mediante el control sobre el cuerpo se llega al control sobre la mente. Los asanas inciden tanto sobre el cuerpo físico como sobre el cuerpo energético y la sustancia mental



Pranayama es la regulación precisa y consciente del prana a través de determinados y muy verificados ejercicios respiratorios, donde juega un papel especial la fase de retencion (khumbaja). Mediante la fase de retención, se logra un estado de inspiradora introspección y se energetiza el cuerpo físico y el cuerpo energético  (linga sharira). La conquista del aliento, dicen los yoguis antiguos, conduce a la conquista del yo profundo. El prayanama es una ciencia muy elaborada, pero la mayoría de los instructores de yoga en Occidente la desconocen y subestiman. Mediante los ejercicios de pranayama se unfician las energías dispersas.


Aire vital y pranayama


La energía cósmica o Shakti se constela en el ser humano como energía vital o prana y energía espiritual o kundalini. Prana es energía dinámica y Kundalini energía estática que hay que desplegar. Sin prana no hay vida. Al morir, prana abandona el cuerpo.  La primera unidad de vitalidad o energía es prana. Eso significa este término.  Hace posible el llamado aire vital, que el yogui aprende a canalizar mediante las técnicas del yoga. Por ejemplo, los shatkarmas son técnicas de limpieza o higiene corporal que también activan un flujo de energía más activo y armónico.



Prana adopta en el ser humano una doble polaridad: energía masculina (Ha) y energía femenina (Tha). El hatha-yoga trata de equilibrar estas dos formas de energías, conocidas como energía solar y energía lunar. Se trata asimismo de armonizar la energía catabólica y la anabólica, los impusos centrífugos y los centrípetos. Nada hay de gratuito  en el trabajo consciente del hatha-yogui sobre sus cuerpos físico y energético.



Mediante la puesta en práctica de las técnicas del hatha-yoga y de la meditación, el yogui aprende a armonizar sus principios vitales. Este trabajo no es solo para lograr salud, sino en especial para acceder a planos más elevados de consciencia y servirse del cuerpo físico y del cuerpo energético como herramientas para acceder a dimensiones de la mente que permitan captar la real naturaleza interior o el ser. La energía universal fluye por el cuerpo, vehículo del ser, y el yogui trata de servirse del cuerpo, “el templo del Divino”, como medio para ir más allá del cuerpo y conectar con la naturaleza original.


De todo esto nada saben ni quieren saber yogas falseados como los “yogas” atléticos o el yoga-fitness o el Bikram-yoga u otras formas de yoga tan desdibujadas o aguadas como distorsionadas y que se convierten en pseudoyogas que dan la espalda, inexcusable e inescrupulosamente, al verdadero sentido, significado, propósito y alcance del yoga auténtico.



martes, 12 de mayo de 2015

LA CIENCIA DE VIVIR LA VIDA


Niño-científico
¿Funcionamos como científicos investigadores de nuestra propia vida?
Si estamos en un nivel muy bajo de autoconciencia o lo que es lo mismo, funcionamos como animales, solo nos guiamos por los instintos y vamos como pollo sin cabeza.
Si permanecemos en un estado infantil y buscamos simplemente ser obedientes y hacer caso a las normas del sistema o de la religión del momento, entonces no tenemos criterio propio y nos dejamos llevar por lo que otros nos dicen que tenemos que hacer. Si esas normas fueran perfectas, funcionaría, pero adaptarse a sistemas patológicos es transformarse en un enfermo.
Si hemos madurado un poco y empezamos a discernir por nosotros mismos lo que tenemos que hacer, entonces nos vamos a guiar por nuestra propia experiencia e historial. Y esto solemos hacerlo en base a nuestras propias hipótesis. Pero ¿qué pasa con las hipótesis que están equivocadas, que tenemos desde la infancia y que no llegamos a contrastar nunca de verdad por miedos o apegos excesivos?
La vida continuamente nos trae desafíos. De cada cosa que nos pasa concluimos que es buena o es mala. Por tanto, vamos a sacar una enseñanza, que se dividirá en tres aspectos: un miedo, un deseo y una conclusión sobre nosotros mismos. Es decir, si la experiencia nos dio placer porque se cumplió el deseo, nos va a crear un apego –a querer más de eso-. Si la experiencia, al contrario, nos pareció desagradablenos va a producir aversión, o miedo y en el futuro la vamos a intentar evitar. Además, nosotros estamos continuamente construyendo nuestra identidad en base a lo que creemos que significa lo que nos ha pasado. Con cada experiencia vital pensamos algo así como “¿esto dónde me deja a mi?”.

El problema es que cuando somos niños no tenemos criterio, ni razón, ni distancia, ni testigo, ni sabiduría suficiente como para comprender por qué nuestros mayores se comportan con nosotros como se comportan. El niño no puede hacer otra cosa que amar. Y frente a los déficits amorosos o de comportamiento de sus padres, se va a tener que adaptar, porque no tiene otra opción. Depende de ellos totalmente. Si somos hijos del ogro y de la bruja, pues tendremos que construir una personalidad que se adapte a la casa en la que vivimos y de la que dependemos totalmente. Por tanto, nos separamos de nuestra esencia, de nuestra verdad, de nuestra realidad, y empezamos a tener miedos y deseos equivocados o mal dirigidos, empezamos a pensar cosas de nosotros mismos que son erradas, simplemente porque los ejemplos que nos dan y el modo en que nos tratan pudo ser equivocado. Muchos padres intentan, sin darse cuenta, arreglar su propia infancia en la de sus hijos y no les dejan ser ellos mismos. Los pobres padres, que lo hacen de buena fe. Cada uno hace lo que puede con lo que sabe y con lo que le hicieron a él.
Con cada experiencia que viva que le resulte traumática, el niño tomará una conclusión errada sobre sí mismo, porque a mayor sufrimiento, mayor equivocación en el significado de lo que le está pasando. Si los padres no tienen sanada su capacidad de dar amor, el niño creerá que él es el defectuoso y que no merece amor. Si sus padres no son capaces de demostrarle que están contentos con él, el niño creerá que es malo, que no vale. Si los padres no le dan una atención de calidad, el niño abandonará la posibilidad de conseguirla en base a ser amoroso y positivo y empezará a intentar conseguirla en base a ser negativo y agresivo. Si tampoco le funciona la atención a palos, se colapsará hacia dentro y cortará la relación con el mundo.
El niño es una maquinita biológica de adaptación al entorno de quien le cuida. El problema es que esas conclusiones que tome sobre sí mismo le condicionarán. Cuanto más antiguas sean las experiencias negativas, más intensas, más repetidas y más cercano el parentesco del perpetrador que se lo hace, más influencia tendrán en él, más condicionado quedará y más lejano de su propio potencial quedará.
Esos apegos (si no recibió amor se hará dependiente -o todo lo contrario, solitario y huraño-), esos miedos (si no le dieron seguridad se creerá desvalido -o todo lo contrario, agresivo y paranoico-) y esas conclusiones que ha tomado sobre sí mismo (“soy incapaz, tengo que ser mejor, no merezco ser amado”) le hacen que tenga una hipótesis sobre la vida que, directamente, está equivocada. Eso es lo que los budistas llaman ignorancia, de la que hay que salir porque es la causa de todo sufrimiento psicológico. El ego es una estructura imaginaria que básicamente es un producto del miedo y el sufrimiento infantil y está estructurada, sobre todo, en la ignorancia de quiénes somos y cuál es la verdadera relación que existe entre el yo, el mundo y la divinidad.
Así que muchos vamos por la vida con un método de vida, con un mapa que, desde la infancia, tiene leyes erróneas. Nos decimos a nosotros mismo y a los demás “es que yo soy así” para justificar nuestros déficits. Y muchos no nos planteamos porqué soy así ni cómo solucionarlo. Somos científicos que no verificamos las hipótesis que dedujimos en nuestra infancia. No podemos probar las hipótesis, los miedos y los apegos tan fuertes no nos dejan.
Si probáramos a hacer cosas nuevas, a lo mejor nos damos cuenta de que la hipótesis estaba equivocada. Pero no podemos porque en el fondo creemos que si probamos vamos a tener que cambiar y si cambiamos, ya no sabremos quienes seremos. Y más y más en el fondo, está escondido a creer que si cambiamos de verdad, nuestros padres no nos querrán. Porque en el fondo, la personalidad adaptativa que hicimos, el ego, pretendía intentar cambiar a nuestros padres para que nos quisieran bien y nos pudiéramos sentir por fin niños buenos, queridos, protegidos, respetados y valorados en su justa medida. Y en esas seguimos sin darnos cuenta, aunque seamos cincuentones o nuestros pobres progenitores lleven muertos veinte años. Perdonarlos, comprender lo que a ellos les hicieron, amarlos pese a sus déficits, ser compasivos con ellos y sobre todo, dejar de pedirles inconscientemente lo que nunca nos darán es parte del trabajo que nos arregla a nosotros mismos.
La vida, cuyo orden y sabiduría es inimaginable tiene un mecanismo para hacernos sentir si estamos en la línea de su orden o no: el sufrimiento adulto. El estado emocional que tenemos de fondo no se basa tanto en lo que nos pasa, si no que es fruto del juicio moral que hacemos de nosotros mismos, de nuestro propio comportamiento: tenemos un radar interior que no deja de mirar si estamos siguiendo nuestra intuición o no, si estamos actuando en nuestro bien y en el de los demás, si somos honestos con nosotros mismos y buscamos y decimos la verdad, si somos justos, si somos valientes… y si la respuesta a ese juicio es NO, entonces nos sentimos mal, nos deprimimos, nos culpamos, estamos ansiosos y tensos.
El sufrimiento de fondo, no el de los disgustos del momento, es el despertador que nos azuza para que nos busquemos, nos comprendamos, nos replanteemos y nos reformemos a la búsqueda de ser cada día más de verdad nosotros mismos y estar alineados con el bien común y con el amor. Y si no lo seguimos, nuestro propio radar nos da más dosis de sufrimiento y la vida otro ciclo de repetición del problema hasta que nos demos cuenta. El universo no tiene prisa. Él es el tiempo y el espacio, la luz, la verdad y la vida.

lunes, 11 de mayo de 2015

Explora tu capacidad de sufrimiento:


Ejercicio de para cambiar el enfoque de la mente

Así que, sólo por hoy, explora tu capacidad de sufrimiento:
1.¿De cuántas maneras puedes hacerte sufrir primero a ti mismo y luego a los demás mediante pensamientos, actos y palabras innecesarias en un sólo día de tu vida?
2. Contempla desde dónde surge esta tendencia. ¡Te va a sorprender!
3, Date cuenta que todos tenemos las mismas sombras y luces, el mismo espectro de emociones, las mismas carencias, los mismos anhelos, y la misma capacidad de hacernos y hacer sufrir. Somos los primeros responsables del sufrimiento.
Encuentra, tras ese conocimiento, la llave de tu felicidad:
1, El amor es la clave, la compasión hacia nosotros mismos y nuestra propia ignorancia acerca de nuestra absoluta grandeza.
2. Despierta la bondad amorosa en tu interior que desea que seas feliz y que todos los seres sean felices y estén libres de sufrimiento, y puedan darse cuenta de lo especial y necesarios que somos cada uno de nosotros.
3. Cambia el enfoque de tu mente de manera consciente: descubre el potencial de cada persona que hay alrededor, hónralo. Honra también tus dones. Utilízalos. Motiva para que los demás también compartan los suyos. Celébralo y agradécelo como un gran regalo. Es tu esencia divina.
Cuando un ser humano se da cuenta de su inherente unidad con Shiva-Shakti y con toda la humanidad, cuando se da cuenta de que es un ser absolutamente único pero que al mismo tiempo está conectado con todos, como las notas musicales se unen en armonía para crear una bella sinfonía, mala o condición que limita deja de existir completamente. El “darse cuenta” pone fin a toda aparente exclavitud.
Shiva-Shakti, Paramasiva, es la Libertad misma (swatantrya). En consecuencia, el ser humano es inherentemente libre también.
Manifestemos una Realidad diferente. Como dijo Gandhi, “sé el cambio que quieres ver en el mundo”.
Elige ser Amor, cultivar Amor.
Loka Samasta Sukhino Bhavantu
Que todos los seres en todas partes sean felices y libres, 
y puedan los pensamientos, palabras y acciones de mi propia vida, 
contribuir de alguna manera a la felicidad y a la libertad para todos.
Patricia Sanagu.

domingo, 3 de mayo de 2015

EMOCIONES Y ENFERMEDAD




Las enfermedades corporales pueden ser maestras en el curar las afecciones del alma humana. Dicen los maestros antiguos que solo hay dos causas para enfermarse, el desamor y el apego.

Es obvio que el medio ambiente, las circunstancias, las disfunciones en el comportamiento, las cogniciones equivocadas, las invasiones de huéspedes no deseados o la epigénesis genética influyen profundamente. Sin embargo, desde tiempos inmemoriales se ha considerado la enfermedad como el intento final del cuerpo por resolver un problema que está aconteciendo en la vivencia psicológica. La experiencia e infinidad de estudios han confirmado la importancia de las emociones positivas en el estado de salud óptimo y, a su vez, la influencia de las emociones negativas en los órganos y el funcionamiento de los sistemas corporales. Lo que no puede ser resuelto a nivel consciente, se sumerge en las profundidades de la psique y, desde allí, origina la enfermedad

Por ejemplo…

El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos. Cuando el temor se queda congelado afecta al riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía vital, y puede convertirse en pánico. Si los disgustos nos superan y no podemos procesarlos por vía psíquica, se resiente el sistema digestivo.

La ira es sagrada, es una emoción positiva porque te lleva a la autoafirmaautoafirmación ción, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo. Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, se vuelve contra ti, y afecta al hígado, la digestión, el sistema inmunológico.

La tristeza es un sentimiento que puede llevarte a la depresión cuando te envuelves en ella y no la expresas, pero también puede ayudarte. La tristeza te lleva a contactar contigo mismo y a restaurar el control interno. Todas las emociones negativas tienen su propio aspecto positivo, las hacemos negativas cuando las reprimimos. Pulmón, corazón.

La ansiedad es un sentimiento de vacío, que a veces se vuelve un hueco en el estómago, una sensación de falta de aire. Es un vacío existencial que surge cuando buscamos fuera en lugar de buscar dentro. Surge cuando buscamos en los acontecimientos externos, cuando buscamos muletas, apoyos externos, cuando no tenemos la solidez de la búsqueda interior. Si no aceptamos la soledad y no nos convertimos en nuestra propia compañía, vamos a experimentar ese vacío y vamos a intentar llenarlo con cosas y posesiones.
Pero como no se puede llenar con cosas, cada vez el vacío aumenta. Por ello nos podemos hacer adictos a llenar ese hueco con mala alimentación, tóxicos, hábitos perniciosos.

El estrés destructivo perjudica el sistema inmunológico. Pero un buen estrés es una maravilla, porque te permite estar alerta y despierto en las crisis, y poder aprovecharlas como una oportunidad para emerger a un nuevo nivel de conciencia.



Los yoguis saben bien que el cuerpo es el resultado de la forma de funcionar de la mente y viceversa. Así, una mente endurecida, temerosa, estresada, esquiva, compulsiva o rígida nos puede provocar sequedad de tejidos, dolores musculares, incapacidad de flexibilizarnos, bloqueos respiratorios, incapacidad de sentir y, al final, enfermedad.

domingo, 26 de abril de 2015

VALORES. LO QUE REALMENTE VALE.

C
 Los tratamientos antidepresivos y de ansiolíticos en España ha aumentado un 200% en los últimos años. Todos los farmacéuticos saben que la combinación de somníferos, ansiolíticos y antidepresivos no para de crecer, así como en el resto de países occidentales. Estamos cerca del 20% de la población medicada continuamente por alteraciones del ánimo. ¿Qué le está pasando a esta sociedad nuestra?

Nos dicen que la depresión y la ansiedad son un problema de funcionamiento neurológico, como si el organismo se estropeara porque sí y por eso nos sintiéramos peor cada vez, sin que las causas vitales o internas influenciaran. Esto es parecido a decir que sentimos pena porque hay un líquido salino que brota de nuestros lagrimales y hay que evitarlo. ¿No estaremos equivocando la consecuencia con la causa? ¿Estamos tratando la infelicidad como un catarro?

Cuando se estudia el funcionamiento de un maestro de meditación también se ven modificaciones en su cerebro. Cuando se estudia el cerebro de alguien que está teniendo una experiencia espiritual, también se observan cambios evidentes en las ondas cerebrales y en el funcionamiento de su lóbulo temporal. ¿Acaso quiere decir eso que está teniendo una experiencia mística porque el cerebro ha cambiado o es que el cerebro muestra el cambio que se está produciendo en el ser de la persona, al que ha llegado después de años de meditación y trabajo personal?

Da la sensación de nos tomamos el órgano cerebral como si fuera una televisión, pero creyéramos que es el monitor el que produce el programa. Por ejemplo, ¿dónde está la memoria en el cerebro? Sabemos que si destruimos algunas zonas del cerebro, la persona no puede recordar, pero años después puede recupera la memoria. ¿No es más parecida la memoria a un almacén en la nube desde el que descargamos lo guardado? ¿Dónde está la nube? ¿Acaso el cerebro no es como un válvula reductora de las impresiones que recoge nuestro aparato cognitivo? ¿No está demasiado extendida una versión mecanicista del organismo como si fuera un coche? ¿No puede ser que el coche esté estropeado porque estamos cometiendo errores en la conducción?¿No es posible que conduzcamos mal porque las señales de tráfico, que los poderes de la sociedad nos ponen para guiarnos,  son disparates y que, además, nuestro profesor de la autoescuela tampoco fue un gran experto en el arte de conducir?


Nos cuentan amigos psiquiatras que, por la organización actual de la atención en la sanidad, como media pueden atender un tiempo máximo de 15 minutos cada dos meses a un asustado paciente no ingresado. Nos dicen que bajo esas condiciones no se puede curar a nadie. Como mucho se le pueden recetar fármacos para que no sufra tanto, pero poco más. Si la persona no hace un trabajo personal por su cuenta, no toma conciencia de las causas de su conflicto interno y no trabaja para modificar los patrones equivocados que pueda tener, es muy difícil que pueda salir del lío en el que está. El problema está en que es extraordinariamente difícil cambiar con la voluntad. Si así fuera, todo el mundo podría hacerlo. Y no.



Es evidente que es necesario y adecuado ayudar, cuando se necesita, con medicación y en muchos casos graves es imprescindible hacerlo y se puede contener, corregir y dar tiempo a la persona para poder hacer su trabajo personal. Pero ¿qué recursos tiene la persona para poder modificarse? ¿Qué educación emocional les damos a los niños en los colegios? La gente a lo que de verdad le tiene miedo es a sus emociones interiores, a la incapacidad de manejarlas. Muy bien. Entonces hay que hacer un trabajo personal. ¿Cómo? La venta de libros de autoayuda es enorme, pero pocos de esos libros son prácticos. La mayor parte de ellos van a lugares comunes y obvios, pero no ofrecen soluciones prácticas. Sabemos mucho de los porqués pero muy poco de los cómos. Los libros de ayuda basados en la ciencia moderna, en su mayor parte son demostraciones actuales de que las prácticas antiguas funcionan y porqué. En muchos casos se trata de ponerle un nombre modernito y comercial a algo que no es más que una parte de una parte de una parte de una de las prácticas del yoga tradicional o del budismo –el verdadero Yoga es muchísimo más que retorcer el cuerpo en un gimnasio-.



Sin embargo, la brutal oferta informativa de desarrollo personal que vemos en la red, en los libros, en los videos, nos hace ir –como dice el cuento antiguo- haciendo agujeros en el suelo buscando el agua, pero hacemos tantos y tan diminutos que no llegamos al agua nunca.



El arte de conocerse, comprenderse y transformarse es un camino lleno de vericuetos, sombras, negaciones, sorpresas, malestares, pérdidas y conflictos. Pensar que buscarse a uno mismo y sanarse es un caminito de margaritas al sol de junio es igual de absurdo que pensar que el Tantra es hacer sexo despacito, con incienso y vestido de la semana oriental del corte inglés.



La falta de criterio, coherencia y seriedad en el mundo del desarrollo personal no es menor que el disparate de pretender que las cosas se arreglen solas tomando mil pastillas. La medicación es necesaria, pero también un buen criterio a la hora de pretender recorrer el camino de la evolución personal sin perderse entre vende-motos, fragmentos de enseñanzas mal enfocadas, egos pretendidamente espirituales, gentes con buenas voluntades pero praxis incompletas y panaceas universales.



Quizá los conflictos internos sean provocados porque nos hemos desalineado de los valores éticos –uh, qué aburrido suena lo de valores éticos-. Quizá es porque la bondad, el bien, la belleza, la honestidad, la verdad, la justicia, el afecto (hablar de amor es demasiado), ahora están muy mal vistos. Dan como vergüencita.



¿Nos hemos desalineado de lo que somos? ¿No es el estado emocional que tenemos la consecuencia del juicio moral que hacemos sobre nosotros mismos? ¿No es la autoestima la reputación que tenemos frente a nuestra propia mirada ética?



Vivimos en un mundo donde la codicia y el ansia de poder han llegado al trono, donde a los niños se les educa para trabajar, no para vivir. Vemos ensalzados como ídolos mediáticos a los que mejor insultan y los que peores emociones muestran. Vemos como el mediterráneo se transforma en un cementerio inmenso mientras la obesa, cobarde, lenta y envejecida Europa se preocupa por sus uñas rotas, mientras que las guerras medievales desgajan países en la danza que tocan las potencias que se siguen peleando por ver quién consume más recursos y quien es el más chulito del patio del colegio. Y todo esto, con el coro de fondo de la podredumbre política en una vomitona inmensa de la resaca producida por la ebriedad del capitalismo deshumanizado y psicótico de las megacorporaciones adorando al dios ‘money’.



¿Dónde quedan el bien, la belleza, la verdad y el amor en todo este mundo que nos muestran? ¿Dónde quedan esas cosas en nuestra vida?



Los valores son como la teoría gravitatoria, el principio de Arquímedes o la teoría de la relatividad: están ahí, existen desde siempre, es lo que nosotros somos, están pacientemente esperando que los redescubramos. Pero se nos olvidó quiénes somos, qué hacemos aquí, cual es la misión que tenemos en nuestras vidas y hacia donde podemos ir. Como Alicia en el País de las Maravillas, hemos cambiado tantas veces que nos hemos enredado y no sabemos dónde volver y ni nos acordamos de quiénes éramos. Y nos tomamos pastillas y leemos libros hacemos agujeros metiendo la cabeza en ellos para ocultarnos de nosotros mismos y buscando un agua que no se encuentra.



Por algo será. Como dice el abuelo Eric, no perdamos la esperanza, el mundo está inimaginablemente bien organizado. Que cada uno haga lo que pueda con lo que sabe.



Y a ver si no todos nos acordamos de lo sencillo que era lo que nos hacía felices de niños: ser amados, ser buenos, que fueran justos con nosotros, decir la verdad, ver lo bello del mundo y explotar nuestra inmensa curiosidad al jugar a saber quiénes somos y qué hacemos aquí en este inmenso misterio que es estar vivo.



O sea, los valores. Que si se llaman valores es porque son los que verdaderamente valen.


viernes, 24 de abril de 2015

OFERTA ESPECIAL DÍA DE LA MADRE, 3 DE MAYO


YOGA + PILATES. Precio:  Oferta  35,00 € /mes( precio nomal 45,00€)
SOLO PILATES: Precio : Oferta 15,00 €/mes ( precio normal 20,00€)

Se puede comprar el vale enviando un mensaje de texto a la dirección del centro " centrointegraldeyoga@gmail.com" o mediante una llamada o mensaje número de teléfono móvil  677.97.47.01 hasta el 3 de mayo de 2015. Los vales regalo caducan el 3 de agosto de 2015.
Si quieres que el vale sea personal dinos el nombre y apellidos del beneficiario y el  de la persona que se lo regala y lo confeccionaremos .